Un poco de historia antes de empezar

Este lunes, el plantel profesional de Atlético pondrá en marcha otra pretemporada en el fútbol de élite de la Argentina. Pero antes de brindar todos los detalles de lo que ocurrirá en el nuevo ciclo de Jorge Burruchaga como entrenador, INFO ATLETICO se mete un poco en la historia para remontarnos a la primera temporada de la Crema en la era profesional, es decir la 1989/90.

Atlético recibía a Huracán de Parque Patricios por la última fecha de la primera rueda del torneo de la B Nacional, y hasta Rafaela llegó la prestigiosa revista El Gráfico, quien realizó la siguiente nota que fue publicada en la edición 3663, que salió a la luz el 19 de diciembre de 1989. Una crónica para recordar y sorprenderse con algunos datos…

 

Rafaela, una ciudad para el fútbol

El Atlético le ganó de local a Huracán, puntero del Nacional B, por 1-0. Fue una verdadera fiesta, que recaudó 11.045.000 australes y dejó una conclusión…

Nunca se sueña dos veces el mismo sueño. Con ese convencimiento en la mente vivió la gente de la Asociación Mutual, Social y Deportiva Atlético de Rafaela los días previos al partido de fútbol más importante de su historia en 83 años. Es que llegaba a la Perla del Oeste santafesino un grande de la AFA, además puntero del Nacional B y que motivaba con la sola mención de su nombre.
Ganarle era la obsesión, porque los habitantes de Rafaela quieren un lugar en el mapa del fútbol, para su ciudad, y evitar así cuando se menciona a deportistas lugareños se deba recurrir sistemáticamente a un tenista (Javier Frana), un basquetbolista (Chocolate Rafaelli), un piloto el Nene Ternengo), o un boxeador (Néstor Giovaninni). O si no, convocar a la nostalgia de aquellas inolvidables 500 Millas Argentinas, al mejor estilo Indianápolis, que llenaron de vértigo los primeros años de los 70. Para toda la ciudad bajarlo al Globo era la gloria. Así se prepararon. Y así festejaron, los de adentro los de Afuera, cuando el objetivo se cumplió.

¿Rafaela o Dallas?

El cronista llegaba preparado para encontrarse con una ciudad del interior como tantas otras, sufriente con la escalada del dólar y las peripecias económicas por las que atraviesa toda la Argentina. Pero le bastaron cinco minutos sentado en un banco de la plaza principal, para darse cuenta de que los aires rafaelinos son distintos. Ver pasar cinco Mercedes Benz en otros tantos minutos era indicio de algo diferente, plenamente ratificado por los datos que después fue recogiendo. Van algunos: Rafaela es el centro de la cuenca lechera más gran de Sudamerica, exporta anualmente por un valor estimado de 200 millones de dólares, tiene un promedio de un auto cada cuatro habitantes (20.000 y 80.000 respectivamente); su intendente, don Rodolfo Muriel, está en el 23º año de mandato; falta mano de obra porque hay plena ocupación, con lo que los empresarios tienen que pagar sobresueldos o traer obreros de pueblos vecinos para no resentir el funcionamiento de sus industrias.
Atlético de Rafaela, inmerso en esa realidad, es un club tan atípico como su ciudad. Dueño de 5 hectareas en pleno centro, donde está su pintorezco estadio, y de 145 a apenas 7 km de allí, donde se encuentra el autódromo, del que es exclúsivo propietario. Además tiene 8.000 socios (el 10ª de los habitantes de Rafaela), desarrolla 15 actividades deportivas y fue capaz de levantar dos tribunas de cemento con capacidad para 10.000 personas en apenas 20 días. Otro detalle: el líder de la hinchada, «Cabo», se moviliza en una Coupé Fuego y es el responsable de la agencia de maquinarias agrícolas John Deere, de Rafaela.
Hasta en la rivalidad con 9 de Julio, su adversario de ciudad, el Atlético (los cremosos, porque la mayoría de los socios del Jockey Club también lo son de él), se sale del molde. Cuando preguntamos inocentemente quien era el River y quien el Boca del clásico, José Luis Basso, propietario de una de las dos fábricas de válvulas para autos que hay en el país, ambas radicadas en Rafaela, no contestó: «No, no es así. Nosotros somos River y 9 es Independiente. Acá hasta los sectores más populares viven como clase media…». Basso es uno de los empresarios que aporta de su bolsillo para sostener al equipo y cuenta algo que muestra que en Rafaela algunos códigos argentinos, como la rivalidad futbolera, si se respetan: «En la ciudad tenemos dos concesionarias de autos. El dueño de una de ellas me dio 7.000 dólares para el Atlético; pero me rogó que no dijera nada. Es que quiere venderle auto también a los del 9…».

¿Atlético o el Milán?

Es una licencia, usted comprenderá. No pretendemos ni por asomo comparar el nivel futbolístico del Atlético de Rafaela con el del flamante campeón Intercontinental. Pero si sirve para explicar como planteó el partido Horacio Bongiovanni (hoy técnico, ayer volante derecho de Boca). Lo hizo con la misma predisposición física y mental que distingue al Milán. Salió a meterle un pressing asfixiante a Huracán. Motivaba, y mucho el sueño de 15.000 rafaelinos que tapaban con su estímulo los gritos de los 600 huracanenses.
Atlético se apoyó en tres pilares claves. Por el costado derecho del medio juego, derrochaba su tremenda vitalidad el pibe Julián Pascual Alastuey (el mismo de Independiente) suelto de tres cuarto para arriba el ex Mandiyú, Pablo Oscar Quiroga, movía los hilos ofensivos con su habilidosa zurda, y sobre el lateral izquierdo apareció un tapado que no estaba en los planes de nadie. Se llama Víctor Gabriel Grillo, es parananense, tiene 22 años y se cansó de meterle un desborde atrás de otro al atribulado Monti. El pibe, al que sus compañeros le dicen Romario y tiene un físico asombrosamente parecido al de Diego Maradona, fue la llave del desequilibrio cuando llegó una vez más al fondo, tiró el centro que fue devuelto desde el otro lado por el lateral derecho Jaquet, y el Negro Poelman la cabeceó adentro. El auto del gol lo festejó a lo loco y hay explicación: «Yo jugué en Huracán en 1978. No sabés la coneja que corrí. Estuve 6 meses sin cobrar. No es revancha, pero…» Esto pasó a los 42 minutos del primer tiempo, y se esperaban las respuestas de Huracán, inexistentes en ese lapso, para el complemento. Pero no llegaron. Frente a un rival que le regaló la pelota, pero siguió siendo más punzante, el equipo de Carlos Babington chocó una y otra vez, sin profundizar casi nunca.
El balance del Inglés: «Sostengo que este partido no debio haberse jugado. Había muchísima agua debajo del pasto. Y eso es fatal para Huracán, que siempre avanza tocando la pelota a ras del piso. Igual no hay que dramatizar. Comprendo la ansiedad de la gente, que no se banca los cuatro años que llevamos en la B, pero los rivales también juegan y el balance de la primera rueda que acaba de terminar es muy bueno. La ganamos junto a Douglas Haig, sólo perdimos 3 partidos de 21 y tenemos un fixture que nos favorece: a partir de la séptima fecha de la segunda rueda no vamos más al interior. Yo confío en mi equipo. Hay una columna vertebral consolidad que nos da regularidad: Puentedura y Cuper atrás, el Chino Wolheim en el medio y Saturno arriba».

¿El final o el comienzo?

¿Atlético habrá dado un campanazo aislado o los 4 puntos que ahora lo separan de Huracán lo habilitan a soñar con la vuelta olímpica en Parque Patricios, que augura su eufórica hinchada? El tiempo dirá, pero por ahora los Celestes de barrio Alberdi (los llaman así igual que a Belgrano de Córdoba) tienen derecho a festejar. Lograron la hazaña en ese hermoso collage de la diversidad que es su estadio. Algunos lo llaman el Monumental, por la grandeza de sus populares de cemento, otros La Bombonera por esos palcos que cubren todo un lateral como en la cancha de Boca. En realidad, usa uno u otro apelativo tiene mucho que ver con la segunda camiseta que tienen pintada en la piel la gran mayoría de los rafaelinos. La primera es la celeste y blanca del Atlético.
El partido terminó a las diez y media de la noche del sábado y el triunfo se festejó como casi todo en Rafaela: tomando cerveza helada en las abarrotadas mesas callejeras de las tradicionales confiterías de Boulevard Santa Fe. ¿Crisis? ¿Que crisis? No sé si le habrá quedado claro que Rafaela es una ciudad aparte, hermosa para el fútbol…

Crónica: Alfredo Alegre.
Fotos: Mario Paganetti.
Enviados especiales a Rafaela, Santa Fe.

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