Lejos del milagro

Por Gabriel Santillán

El fútbol de la naciente Copa Santa Fe, una suerte de versión regional de la poco menos joven Copa Argentina, pone cara a cara a dos equipos que proceden de dos extremos de un mismo mundo, ese mismo fútbol donde la economía es generosa hasta la abundancia para los del segmento premium, mas alla de las manos en las que caiga la porción, mientras que al grupo de ligas del interior el único trozo que le convidan es la de las miserias organizativas, allí sí, repartida de manera equitativa.
Este viernes el noble y el villano, el prohombre y el gusano bailarán y se darán la mano sin importarles la facha, es que este viernes en Barrio Alberdi coinciden el gran Atlético, de la Primera de AFA, y Sarmiento de Humboldt, del que sólo se sabe que vendrá todo un pueblo detrás de un sueño que aparece como poco palpable, pero con el claro mensaje de no olvidar que los sueños, sueños son.

Juega Atlético, el que está ante el precipicio del descenso, pero que tiene como rutina cruzarse cada año con Boca y River, el Atlético proveedor de jugadores para grandes, el que tiene estrellas en su camiseta, el que tiene hinchas que ya patearon calles para verlo, el que vivió la gloria y mordió el polvo y que saltó a la fama por no deberle guita a nadie, el que le da su arquero a la Selección en tiempos en que todos solo le dan su indiferencia. Ese Atlético juega contra Humboldt, el que pertenece a una localidad prolija y pintoresca, pueblo chico pero no poco pujante, de siesta larga y trabajo duro, de gringos que aprietan fuerte la mano y miran firme cuando empeñan la palabra, con adolescentes que se van y vuelven preparados para devolverle algo a la tierra de sus esforzados abuelos. Además, allí tambien se juega al fútbol, un fútbol de vuelo propio de una liga siempre exigente y respetada como la Esperancina, un fútbol no profesional aunque pasional, fútbol gringo, fútbol duro.

¿Qué puede pasar en el partido?, porque habrá un partido, nada cercano a lo extraño, casi me animo a firmarlo, claro, es que es fútbol y el “casi” no puede faltar como en ningún otro deporte, porque semejante distancia en el punto de partida de cada uno sería sinónimo de resultado puesto, casi como aquí, casi, donde el milagro avisa que no acudirá a la cita en calle Dentesano.

Este viernes, allá por las cinco de la tarde ,con la resaca a cuestas, volverá el pobre a su pobreza, volverá el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas, quedará atrás un partido donde a unos, los cremosos, los conocerán por sus rostros y apellidos, es que los tienen de la tele, el Olé o la play, a los de Humboldt apenas por el número del dorsal, por haberse quedado con el boleto que en esa tarde disfrutaría un sorpresivo ausente llamado 9 de Julio. Famosos y desconocidos, pero en un mismo escenario, en una misma cancha y bajo el mismo sol, cara a cara, once contra once, mismas reglas y mismo objetivo, el que para uno sólo tendrá aspecto de trámite y para el otro sabor a una hazaña.

Será la hora de empezar a bajar la cuesta porque arriba en mi calle se acabó la fiesta, esa fiesta que sienta por 90 benditos minutos a Atlético y Humboldt a la misma mesa, aunque lejos, muy lejos del milagro.

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